El 22 de enero, Transparencia Internacional (TI) dio a conocer el Índice de Percepción de la Corrupción 2019 (IPC). Este instrumento, que se publica cada año desde 1995, registra la opinión de analistas, empresarios y académicos de todo el mundo sobre su percepción de corrupción en 180 países. En 2019, México obtuvo una calificación de 29 puntos sobre 100 y se colocó en la posición 130. Esto significa que entre 2018 y 2019 la calificación de México aumentó un punto y su posición relativa mejoró ocho posiciones.

Aunque de entrada esto suena como buenas noticias, es necesario contextualizar estos resultados y entender qué significa este desempeño (ya el año pasado, Ricardo Alvarado Andalón hacía la misma advertencia sobre la interpretación de los resultados). ¿Qué significa realmente este desempeño? ¿Disminuyó o no la corrupción en México? ¿Qué podemos esperar en los próximos años? Este artículo pretende contestar estas preguntas.

Ilustración: Patricio Betteo

Primero, los cambios en la posición relativa con otros países no son una medida adecuada para medir el desempeño en un índice: si todos los evaluados tienen un pésimo desempeño y México tiene un desempeño mediocre, éste podría mejorar algunas posiciones sin haber mejorado la percepción de corrupción en el país. Esto no quiere decir que no signifique nada el lugar que ocupa cada país, esta posición es interesante para saber cuántos países están mejor evaluados que México, pero es importante no abusar de esta interpretación.

Ahora, ¿cómo debemos interpretar la calificación de México? Para empezar, recordemos que las comparaciones de puntaje de un año a otro no son útiles. Cambios de un punto, como el reportado de 2018 a 2019, pueden deberse a ajustes metodológicos de las fuentes con las que se construye el índice sin que esto signifique realmente en una menor percepción de corrupción en el país. Un análisis más útil es la comparación de las calificaciones del IPC a lo largo del tiempo. El índice fue modificado en 2012 para poder hacer comparaciones de un año a otro, por lo que no es correcto remontarse a años anteriores para comparar puntajes.

Así, si analizamos el puntaje obtenido por México desde 2012 vemos una tendencia a la baja que se frena en 2019. El brinco de cuatro puntos de 2014 a 2015 se puede atribuir, al menos en parte, a la Casa Blanca de Enrique Peña Nieto. Este escándalo mediático estableció un antes y un después en términos de aprobación, confianza y percepción de corrupción en México. A partir de este momento, la corrupción como tema en la agenda pública tomó mayor relevancia. Los altos niveles de impunidad y la falta de resultados, sumados a los nuevos escándalos de corrupción que surgieron cada año durante el sexenio de Peña Nieto ayudan a explicar el descenso de la calificación de México en el IPC. 

La calificación de 2019 es la primera medición del nuevo gobierno. Recordemos que el ejercicio utiliza información recabada hasta agosto del año pasado; por lo tanto, el IPC de 2018 no contempló el efecto del cambio en el gobierno federal en México. Entonces, en 2019 hubo un nuevo gobierno federal que empuja una agenda anticorrupción al menos en el discurso y que marca un cambio importante con el sexenio anterior. El IPC registra, también, los cambios en la estrategia anticorrupción como lo son el sistema de alertadores de la Secretaría de la Función Pública y la creación de una Fiscalía General con autonomía constitucional. Queda por verse que estos cambios tengan un efecto real en el combate a la corrupción en el país.

Si en 2020 la calificación de México sube, podremos confirmar que en efecto se percibe menos corrupción en el país y que la tendencia descendente terminó. En un escenario ideal, el cambio de puntaje de 2019 no se debe únicamente a la alternancia en el gobierno federal sino que se sustenta en cambios reales en el combate a la corrupción que tendrán un mayor impacto con cada año que pase.

México todavía tiene mucho que mejorar en términos de percepción de corrupción. De todos los miembros de la OCDE, es el país con la peor calificación en el IPC, le sigue Turquía con 41 puntos (12 más que México). Está muy por debajo del promedio de su región (América) y del promedio mundial, ambos en 43 puntos. Queda por verse si el compromiso público anticorrupción que llevó a la alternancia en el poder federal se concreta en acciones con un efecto real en el país o se queda en un pequeña variación en la percepción.

 

Leonor Ortiz Monasterio
Investigadora en Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad. Maestra en políticas públicas (Universidad de Chicago) e internacionalista (ITAM). Twitter: @theleonori.