La promesa de que el pueblo mexicano sea el que decida si debe enjuiciarse a los expresidentes no es más que una buena intención política, pues no tiene fundamento jurídico alguno, y es contraria a la obligación jurídica de denunciar actos que pudieran ser constitutivos de delitos.
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Reducir la corrupción: espectáculo o solidez
Un gobierno que cree que la lucha contra la corrupción es un asunto de mandato, de moralidad o de buenas intenciones se engaña a sí mismo y engaña a los ciudadanos. A final de cuentas, un esfuerzo de lucha contra la corrupción no puede dejar de ser un acto político donde diferentes actores intentan ganar puntos y legitimidad.
Corrupción: percepción y política pública
Acabar con la corrupción fue una de las promesas de campaña de López Obrador, pero los avances han sido acotados: las expectativas de que la corrupción pueda resolverse han bajado; en la materia, la evaluación ciudadana del gobierno ha caído. Sin embargo, esto no implica una derrota electoral en 2024: los votantes tienden a ser más tolerantes ante la presencia de corrupción y castigar menos que en rubros como la economía y la inseguridad.
Morena y dinero ilegal: qué tanto es tantito
Morena, en ese momento bajo la dirección de Andrés Manuel López Obrador, violó la ley y abiertamente le mintió a la autoridad electoral al operar un esquema de financiamiento paralelo. La información actual nos impide conocer la dimensión real de esta operación, pero el hecho es incontrovertible.
Corrupción y confianza en las instituciones
Si los mexicanos no confiamos en las instituciones con las que tenemos mayor contacto —sea la policía de proximidad o las autoridades electorales que organizan comicios—, es síntoma de una doble crisis: de representación y de legitimidad.