Michoacán no necesita más despliegues militares, sino justicia real: menos extorsión, más denuncias y más sentencias. Hasta que el miedo deje de dominar la vida rural, la paz seguirá siendo una promesa incumplida.
Michoacán no necesita más despliegues militares, sino justicia real: menos extorsión, más denuncias y más sentencias. Hasta que el miedo deje de dominar la vida rural, la paz seguirá siendo una promesa incumplida.