Si los mexicanos no confiamos en las instituciones con las que tenemos mayor contacto —sea la policía de proximidad o las autoridades electorales que organizan comicios—, es síntoma de una doble crisis: de representación y de legitimidad.
Si los mexicanos no confiamos en las instituciones con las que tenemos mayor contacto —sea la policía de proximidad o las autoridades electorales que organizan comicios—, es síntoma de una doble crisis: de representación y de legitimidad.