
La gentrificación es una de esas palabras que se ha popularizado en los últimos años para tratar de describir distintos fenómenos urbanos. Incluso, algunos colectivos se han apropiado del término como bandera de resistencia y uso político para la garantía de derechos. En las últimas semanas, en México, una intensa conversación en redes sociales, así como la movilización colectiva del 4 de julio en colonias como Condesa, Hipódromo y Roma han expuesto que la gentrificación es un problema urbano de clase que genera despojo, desplazamiento, segregación, falta de acceso a la vivienda. Eso ha llevado a algunos grupos sociales a verla como una nueva forma de colonialismo.
Por ello, me parece importante que averigüemos a fondo qué es la gentrificación y por qué es un fenómeno sumamente complejo, que va más allá de nómadas digitales. Es, de hecho, toda una construcción sistémica e imbricación de fenómenos y procesos económicos, sociales, políticos y culturales.
La gentrificación es un fenómeno que se nombra en un principio en las ciudades del norte global como Londres, Nueva York o Vancouver. El término gentrificación fue acuñado en 1964 por la socióloga británica Ruth Glass para describir cómo los barrios céntricos en Londres, donde habitaban usualmente obreros, comenzaron a transformarse a partir de su renovación con la llegada de nuevos habitantes pertenecientes a la clase media y alta.
Como te darás cuenta, la gentrificación implica que los barrios tengan un cambio de imagen, infraestructura y equipamiento urbano. Esto deriva en aumentos del precio del suelo, que posteriormente pueden llevar al desplazamiento de los residentes originarios. Una posible traducción literal del término gentrificación al español puede ser elitización o aburguesamiento. Esto es relevante porque nos permite entender que la gentrificación termina por generar un recambio social en un territorio y esto trae transformaciones económicas, de imagen, comerciales y culturales.
Desde el norte global, la gentrificación se presentó en principio como algo positivo: mejoraba la infraestructura urbana de un barrio y fomentaba un espacio de mezcla social. Sin embargo, desde otras perspectivas —como las que parecen impulsar a la manifestación reciente en la ciudad de México— termina por segregar, excluir e incluso desplazar a quienes no pueden costear esos cambios de mejora en los barrios. Ahora bien, desde los estudios de urbanización, este fenómeno sucede, por lo menos, por tres cuestiones: económicas, culturales e institucionales.
Cuando hablamos de gentrificación por cuestiones económicas se debe a que la ciudad y todo lo que en ella está presente es visto como mercancía, como el suelo. Este, en una lógica de mercado, es un bien del cual se puede obtener una ganancia; por ejemplo, al construir vivienda. Así, la vivienda pasa a ser una mercancía, un activo del cual se puede especular para invertir, más que un bien de uso cuya función sea ser habitado y ser un resguardo. Aquí es relevante el papel que juegan los desarrolladores y especuladores inmobiliarios a través de la financiarización de la ciudad.
En cambio, si vemos la gentrificación desde una perspectiva cultural tenemos que un determinado sector de la población considerado como clase media y alta busca elementos diferenciadores de su identidad, como puede ser una «identidad residencial», asociada al consumo de servicios artísticos acumulados en los centros urbanos. (Siou y Blanck, 2011). La socióloga estadounidense Sharon Zukin estudió el fenómeno de la gentrificación vinculado al modo de producción artística. En su libro Loft Living (1982) menciona que este proceso comenzó con la revalorización del precio del suelo en las zonas desindustrializadas de Nueva York en la década de los sesenta y setenta del siglo XX, cuando los artistas instalaron sus estudios y residencias, dando pie a la cultura del loft. Esta forma de consumo cultural se vincula con los cambios de los sectores productivos, ya que derivado de la desindustrialización, las economías están mucho más terciarizadas, dedicadas a los servicios en lugar de a la producción, lo cual tiene un efecto en los cambios de empleo y consumo. Así, surgen entonces figuras como los nómadas digitales y se incrementa el turismo.
Sin embargo, en las últimas décadas las instituciones del Estado a través de distintas políticas de ordenamiento territorial, que también están atravesadas por medidas de promoción del turismo, vivienda, infraestructura y equipamiento urbano, han sido promotoras del fenómeno de gentrificación. Esto se traduce en concreto en una dinámica de gestión de la ciudad como una mercancía, lo que da pie lo que David Harvey (2001) llama “empresarialismo urbano” esta gestión de lo urbano se caracteriza por tres aspectos:
- Proyectos que favorecen selectivamente ciertos territorios de la ciudad, dejando de lado, en general, la mejora de la calidad de vida de sus habitantes.
- Creación de incentivos, facilidades administrativas, instancias de promoción de la ciudad o transformación de normativa para la atracción de inversiones o su financiarización (alianzas público-privadas).
- Desarrollo de proyectos especulativos donde el sector público asume riesgos de inversión.
El urbanismo empresarial tiene como objetivo principal la creación de una imagen de ciudad «exitosa», «innovadora», «competitiva» y «creativa», convirtiéndola en un centro atractivo para la inversión y el consumo. (Rodríguez, Moulaert y Swyngedouw, 2001 citado en Jiménez, 2021). Lo anterior es lo que ha pasado en la Ciudad de México y en muchas otras ciudades del sur global, donde el fenómeno de gentrificación se exacerba por la desigualdad social, la falta de empleos con salarios dignos y con prestaciones sociales, carencia de oportunidades de acceso a la vivienda, expansión de la periferia con infraestructura y equipamiento urbano de baja calidad, centralización de empleos y actividades económicas, entre otras condiciones. Por si fuera poco, el fenómeno, como menciona Loretta Lees (2015), se ha extendido e imbricado con otras dinámicas como el turismo, alquileres de corta estancia (El modelo de AIRBNB), financiarización, privatizaciones del espacio público, corrupción. Todo lo anterior en un contexto de globalización.
El fenómeno de gentrificación en Ciudad de México está vinculado con el urbanismo empresarial y relacionado con la corrupción. De hecho, la actual jefa de gobierno en los debates a la jefatura de gobierno mencionó que la corrupción inmobiliaria generaba gentrificación. De acuerdo con especialistas como Enrique Soto Alva (2019), en la Ciudad de México la gentrificación en buena medida se ha dado porque las autoridades centrales otorgan los cambios de usos de suelo y normatividad que favorece a ciertos intereses inmobiliarios dando pie a la especulación del suelo urbano. El caso más visible en los últimos años ha sido el del pueblo de Xoco, en el que sus habitantes lucharon por la vía legal y la movilización, para salvaguardar su territorio.
Algunos aún resisten el fenómeno de gentrificación generado por el proceso de cambio de uso de suelo, donde ahora sobresale el gran centro comercial Torre Mítikah, que cuenta con departamentos poco accesibles para la mayoría de los mexicanos.
El pueblo de Xoco es un claro ejemplo del fenómeno de la gentrificación, originado en parte por la corrupción de las autoridades y que provocó el desplazamiento de habitantes originarios, aumento de rentas y la transformación de su barrio.
Así que cuando pienses en gentrificación, considera que se trata de un fenómeno que nace en las ciudades, que se imbrica con muchos otros procesos económicos, sociales, políticos, culturales; y, que genera distintos procesos como el cambio de imagen del barrio, aumento de precios de vivienda y comercios, la segregación, conflictos entre quienes se quedan y llegan, así como la expulsión de residentes originarios. Además, considera que en buena medida sucede por la acción o inacción de las autoridades. El resultado es un complejo problema social en el que mientras mayor desigualdad persista en un territorio, el efecto negativo de la gentrificación se intensificará.
Sharon Ocampo Arias
Maestra en Urbanismo y licenciada en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Nacional Autónoma de México. Dedicada a investigar sobre políticas de movilidad y transporte urbano, ordenamiento territorial y transformaciones urbanas e historia y patrimonio urbano.
Fuentes bibliográficas:
Harvey, D. (2001) Espacios del capital. Hacia una geografía crítica. Madrid: Akal.
Jiménez, A. (2021) Rutas teóricas para estudiar ciudades neoliberales: Un acercamiento desde su territorialización. Revista Espiga, 20(41), 48-67.
Ordaz. A. (2019) Corrupción, causa principal del aumento de la ‘gentrificación’ en la CDMX. Forbes.
Siou, H. y Blanck. J. (2011) Gentrificación: un fenómeno urbano complejo y su uso por las autoridades. Master Stratégies Territoriales et Urbaines, Sciences Po Paris
Zukin, S. (1982) Loft Living: Culture and Capital in Urban Change, Baltimore: Johns Hopkins University Press.