
Durante años, México ha discutido cómo defender la democracia frente a riesgos reales o imaginarios. Sin embargo, esa discusión ha sido moldeada —y en buena medida distorsionada— por los partidos políticos, que han promovido la idea de que la democracia se limita a los procesos electorales: elegir representantes o gobernantes, entre una fuerza partidista y otra, cada tres o seis años. Esta visión reducida olvida lo esencial: la democracia no se agota en las urnas. La democracia se ejerce todos los días, en lo local, cuando las personas pueden elegir, participar, deliberar y tener voz en la solución de los asuntos públicos que afectan su vida cotidiana. Pero son también los partidos políticos en el poder quienes, de manera cotidiana, obstruyen ese derecho desde lo local. Y es en ese espacio —el municipio— donde la democracia mexicana inicia… y donde también puede estancarse o deteriorarse silenciosamente.
En México, la institución pública más cercana a la vida cotidiana es el Ayuntamiento, integrado por una Presidencia Municipal y un cuerpo colegiado de Regidoras y Regidores. Paradójicamente, estos últimos —los representantes populares más próximos a la ciudadanía— son también los más desconocidos. Y, sin embargo, están encargados de vigilar que la administración municipal cumpla y desempeñe sus funciones esenciales: calles y banquetas, agua y drenaje, parques y jardines, alumbrado, movilidad y seguridad vial, recolección de residuos y otros servicios públicos básicos.
Los rezagos acumulados en estos servicios, su mala calidad o franca insuficiencia, revelan una contradicción de fondo: la institución que debería supervisar el buen funcionamiento del gobierno municipal es, en la práctica, invisible para la población y políticamente subordinada a los partidos.
Los datos de Así Estamos Juárez —encuesta elaborada por la Asociación Plan Estratégico de Juárez— lo muestran con claridad: sólo 2% de la población puede identificar al menos a una o un regidor y 60% declara confiar poco o nada en quienes integran el Ayuntamiento. No son cifras menores, son el síntoma estadístico de una crisis democrática profunda que ocurre en el nivel de gobierno más cercano a la vida cotidiana.
Esta desconexión tiene costos muy concretos: servicios públicos deficientes, falta de transparencia y rendición de cuentas, opacidad que abre la puerta a la corrupción, ausencia de contrapesos reales y una ciudadanía que no se siente representada por su Cabildo. En otras palabras, la democracia representativa en los municipios de México no está funcionando.
Una iniciativa nacida desde la ciudadanía
En 2020, más de cien organizaciones sociales, empresariales y vecinales en el estado de Chihuahua decidieron enfrentar este problema desde la raíz. Para tener municipios fuertes, eficientes y democráticos, el primer paso era transformar la forma en que se eligen a quienes integran los Ayuntamientos. Así nació #YoElijoRegidor, una iniciativa ciudadana que propone que las regidurías se elijan de manera individual, directa y por demarcaciones territoriales.
A diferencia de diputaciones, senadurías y otros cargos que ya adoptan esquemas de representación directa, las regidurías continúan siendo el único cargo de elección popular en México que no se elige de manera individual, sino en una planilla, junto con la candidatura a la presidencia municipal. Los partidos deciden quién ocupará cada regiduría dentro de su planilla, así como el órden y la ciudadanía no tiene posibilidad de evaluar trayectorias, contrastar perfiles, identificar quién tiene más o menos arraigo o vocación de servicio.
Esto genera dos consecuencias inmediatas. Por un lado, los regidores responden a quien los colocó en la planilla —el partido o la Presidencia Municipal— y no a la ciudadanía. Por el otro, las comunidades se quedan sin una representación real. Ninguna zona específica del municipio —incluidas aquellas con mayor rezago o marginación— tiene asegurada una voz propia que conozca su territorio.
La propuesta: una reforma sencilla con impacto profundo
La iniciativa ciudadana presentada por #YoElijoRegidor planteó cuatro transformaciones fundamentales:
- Elección individual y directa. Para que cada regidor o regidora tenga responsabilidad pública y legitimidad propia ante la comunidad y rinda cuentas a sus representados en audiencias públicas periódicas en su demarcación.
- Elección por demarcaciones territoriales. Dividir el municipio en zonas claras y equilibradas, para asegurar representación real y evitar decisiones erráticas tomadas desde la distancia.
- Candidaturas independientes accesibles. Para permitir la entrada de liderazgos vecinales genuinos y reconocidos, con reglas claras y equitativas.
- Revocación de mandato. Un mecanismo eficaz para retirar del cargo a quien traicione a su comunidad o incumpla sus responsabilidades.
Esta propuesta no es radical ni improvisada. Responde al mandato del artículo 39 constitucional: “el pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”. Y responde a una demanda social evidente: queremos representación real en los Cabildos, no simulaciones partidistas.
La iniciativa se presentó ante el Congreso del Estado en abril de 2020. El avance parecía posible: en junio de ese año, un artículo transitorio aprobado consideraba la obligación de implementar la elección directa de regidurías para el proceso electoral de 2024.
Nada ocurrió.
A pesar del mandato legal, las diputadas y los diputados no realizaron las adecuaciones necesarias en la legislación secundaria. En 2021, ante la inacción de legisladores, las organizaciones solicitaron iniciar los trabajos técnicos. La respuesta fue un rechazo total a la participación ciudadana.
Peor aún: en junio de 2023, la mayoría legislativa en el Congreso del estado de Chihuahua —del Partido Acción Nacional— decidió modificar el transitorio para aplazar la entrada en vigor de la elección directa de regidurías hasta 2027. No sólo incumplieron la ley: pospusieron un derecho ciudadano, sin explicación razonable, sin argumentos jurídicos serios y sin voluntad política.
A ello se sumó otra reforma peligrosa que consideraba la asignación de regidurías plurinominales adicionales a la planilla ganadora. Esto genera sobrerrepresentación del partido de mayoría en los Ayuntamientos. Es decir, mientras a la ciudadanía se le niega su derecho a elegir su representante en Cabildo, los partidos políticos refuerzan su control.
Hoy, a menos de un año de iniciar el proceso electoral 2026–2027, la mayoría legislativa en Chihuahua continúa bloqueando la iniciativa ciudadana.
El derecho a elegir a quienes gobiernan lo cotidiano
La evidencia es pública. Los municipios hoy tienen rezagos históricos y mala calidad en infraestructura vial, alumbrado, agua, drenaje, transparencia, seguridad y desarrollo urbano. En tanto, los Cabildos operan como extensiones del poder del alcalde, no como órganos de control ni de deliberación democrática.
Si apenas 2% de la población conoce a su regidor y la mayoría desconfía de ellos, es natural que no existan ni vigilancia ni contrapesos internos reales. El resultado es la erosión del sentido democrático del Ayuntamiento y, con ello, una mayor precariedad en los servicios públicos, a la vista de todos.
Este deterioro no es casual. Es consecuencia de un diseño institucional que minimiza la participación ciudadana, protege intereses partidistas y bloquea la emergencia de liderazgos locales reales.
Elegir regidurías a través de planillas, subordinadas a las candidaturas a la Presidencia Municipal, anula la representación popular y favorece estructuras político-partidistas cerradas, diseñadas para reproducir y mantener el poder, no para servir a la comunidad.
Las regidurías no son cargos menores. La ley les asigna funciones claras:
- Vigilar áreas de la administración,
- Reportar deficiencias,
- Proponer medidas correctivas,
- Representar a la ciudadanía en el máximo órgano colegiado municipal.
Pero, ¿cómo puede vigilar quien no debe su cargo a la ciudadanía? ¿Cómo representar a una comunidad que no tuvo oportunidad de elegirle? ¿Cómo representar a una comunidad en la que no se vive? ¿Cómo puede exigir transparencia quien carece de legitimidad propia? La respuesta es sencilla: no puede.
En Chihuahua aún existe una última oportunidad. El transitorio reformado en la Ley Electoral del Estado de Chihuahua fijó un límite: el Congreso debió emitir adecuaciones legales 365 días antes del inicio del proceso electoral 2026–2027. Ese plazo venció. Pero la ventana final se cierra en junio de 2026, cuando falte un año para la elección.
Si la Legislatura vuelve a omitir su obligación, no podrá alegar desconocimiento ni falta de tiempo, será una decisión política deliberada para impedir que la ciudadanía elija a sus representantes más cercanos. Por ello hoy, el colectivo de organizaciones de Chihuahua apela no solo a las y los legisladores, sino también a la gobernadora del estado, María Eugenia Campos, para que defiendan y garanticen el derecho fundamental de las personas a elegir a sus regidores y regidoras.
Acción Local antes que Acción Nacional
En México, la defensa de la democracia se ha vuelto un ritual discursivo: marchas nacionales, llamados a la unidad, advertencias sobre riesgos globales. Todo eso puede ser importante, pero es insuficiente. La democracia no falla solo por decisiones federales: también falla cuando los Cabildos no funcionan, cuando no hay representación territorial y cuando los partidos deciden unilateralmente quién gobierna los municipios.
El derecho a participar en el gobierno —directamente o por representantes libremente elegidos— no es un principio abstracto. Es la base para construir ciudades habitables, gobiernos eficientes y comunidades con futuro.
Elegir de manera directa a las regidurías no resolverá todos los problemas municipales, pero sí permitiría crear contrapesos reales dentro del Ayuntamiento, fortalecer la legitimidad democrática, mejorar la relación y confianza entre la ciudadanía y el gobierno, además de abrir la puerta a liderazgos locales capaces de transformar su entorno.
En un país donde las instituciones locales han sido debilitadas por décadas, esta reforma no es un capricho. Es una necesidad urgente.
México necesita reimaginar su democracia desde lo local, no desde discursos desgastados. Las transformaciones profundas rara vez llegan desde las élites políticas; casi siempre, surgen de la comunidad, de personas que conocen su barrio, su colonia, sus problemas y sus soluciones.
La iniciativa #YoElijoRegidor es eso: una apuesta por reconstruir la democracia desde su punto más cercano, más concreto y más olvidado: el municipio.
Porque la democracia no se defiende con discursos, ni repitiendo viejas fórmulas que preservan estructuras políticas obsoletas. La democracia se defiende innovando desde lo local. Antes de cualquier Acción Nacional, México necesita Acción Local, para fortalecer y proteger la democracia desde los municipios.
Abelamar Chacón Rodríguez
Coordinador de la Alianza Nacional RegidorMX