Resolver problemas públicos requiere tomarse el tiempo de pensar en cada paso de la solución. A pesar de que las experiencias internacionales para insertar a las y los jóvenes en el mercado laboral marcaban una tendencia de implementación cautelosa, Jóvenes Construyendo el Futuro quiso correr antes de caminar. Las precauciones ignoradas ante las ansias de solucionar el problema de la desocupación en la población joven con rapidez ahora relucen como casos de corrupción.

Uno de los panoramas más alarmantes en México es el de la baja inserción juvenil en los procesos económicos del país. Según la OCDE, las y los jóvenes que no estudian ni trabajan representan 22.1% de la población joven, lo que coloca al país por encima de la media de la organización (15%). De esa necesidad surge el programa Jóvenes Construyendo el Futuro.

Ilustración: Víctor Solís

El programa tiene el propósito de crear las condiciones necesarias para integrar a 2 millones 300 mil personas de entre 18 y 29 años a los procesos económicos de la sociedad mexicana. La inclusión de los jóvenes se centra en un modelo de corresponsabilidad social entre los sectores público, privado y social. Para tales efectos, se brinda a los jóvenes espacios, apoyos y actividades estructuradas con el fin de que desarrollen o fortalezcan, a lo largo de un año, hábitos de trabajo y competencias técnicas que les ayuden a integrarse posteriormente en el mercado laboral.

Una de las principales razones ofrecidas por los empleadores para no contratar personas jóvenes es que los costos de un nuevo empleado sin experiencia son muy altos. Para poder pagar el riesgo de contratar a alguien sin experiencia, el gobierno federal otorgará una beca de 3,600 pesos al mes (poco más del mínimo general en el país que es 3,121.47 pesos), y cubrirá sus prestaciones de seguro médico a través del IMSS. Además, al final de su capacitación, recibirán una constancia de las habilidades y conocimientos adquiridos.

Recientemente, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), responsable del programa, señaló que habían llegado a su meta de este año vinculando a 900 mil jóvenes, por lo que cerraron el proceso de registro para más aspirantes (STPS, 2019). Actualmente, el programa opera con 157,070 centros de trabajo. De estos, 93.8% pertenece al sector privado, 3.9% al sector público y 2.3% al sector social. Es decir, al menos 664 mil 560 jóvenes participan en el sector privado, 214 mil 449 en el público y otros 20 mil 991, en el sector social.

Para ser parte del programa los centros de trabajo deberán manifestar su intención de participar en el mismo, presentar un plan de capacitación y designar un tutor. Deben señalar el giro del centro de trabajo e indicar el número de becarios que puede recibir. Para personas morales, es necesario presentar el acta constitutiva. Para personas físicas y morales es necesario presentar comprobante de domicilio, y fotografías del exterior del lugar.

Los estados con más centros de trabajo hasta agosto de 2019 son: Veracruz, con 15 mil 444; Michoacán (14 mil 869); Tabasco (14 mil 269); Chiapas (11 mil 624); Estado de México (9 mil 982), y Guerrero (8 mil 060 centros). No obstante, la distribución de aprendices varía con respecto a los centros de trabajo. Chiapas tiene el mayor número de jóvenes vinculados con 124 mil 264; le sigue Tabasco, con 103 mil 225; Veracruz con 90 mil 501; Estado de México con 87 mil 156 jóvenes; Guerrero con 60 mil 040, y Michoacán con 56 mil 247.

Tanto los jóvenes como los centros de trabajo se evalúan mutuamente. Sin embargo, la supervisión física de los centros de trabajo quedará sujeta a la disponibilidad presupuestal de la STPS, lo que no garantiza que quede salvaguardada la integridad de los beneficiarios, ni se cumplan cabalmente los objetivos del programa.

Para evaluar el impacto de Jóvenes Construyendo el Futuro podemos revisar los programas hechos en otros países. Una de las experiencias de inserción de jóvenes al mercado laboral es PROJOVEN en Uruguay. Su objetivo es apoyar a los jóvenes de menores ingresos a introducirse al mercado laboral mediante capacitaciones laborales y la reinserción a la formación educativa formal. Otra experiencia importante es el Vocational Trainig Voucher Program, en Kenya, que nació de la necesidad de desarrollar habilidades que ayuden a los jóvenes a transitar de la escuela al trabajo, mediante capacitaciones laborales pagados con cupones que cubrían el costo de la matrícula del programa de entrenamiento vocacional.

Ambos programas incluían, entre sus metas, la mejora de las credenciales educativas de los jóvenes. La evaluación en Kenya mostró que al poder cubrir la matrícula, los jóvenes se animaban a inscribirse, y permanecer en su entrenamiento. Además, beneficiaron a jóvenes mujeres madres de familia, y grupos vulnerables, particularmente de bajos recursos. La hipótesis de ambos programas es que la falta de experiencia orilla a los jóvenes a no ser parte de los procesos económicos. Lo anterior se debe a que la segmentación laboral se vuelve más discriminativa para los jóvenes de escasos recursos debido a que el mercado laboral moderno favorece los perfiles de jóvenes más privilegiados. (Abdala; 2001)

A diferencia de los programas anteriores, Jóvenes Construyendo el Futuro no inició con un programa piloto que comprobara su factibilidad. Además, aunque uno de los objetivos del programa es insertar a los jóvenes a la educación universitaria, no está explícito en su metodología cómo se garantizará o a través de qué instituciones se les asegurará la educación superior.

La falta de una metodología explícita de evaluación de los centros de trabajo, y la falta de filtros para inscribirse como tutor, puede propiciar que los objetivos del programa fluyan en diferente dirección a los establecidos por la STPS. Este es uno de los focos rojos del programa, y ya ha causado estragos en su funcionamiento. El periódico Milenio reportó las irregularidades que invadieron el programa debido a los escasos requerimientos para verificar a las empresas, a la falta de delimitación y estudio de la población objetivo, además de que la inmediatez con la que se implementó el programa no permitió tomar medidas preventivas ante los posibles escenarios adversos.

Entre las irregularidades reportadas se encuentran los “moches” que las empresas solicitan a los becarios para no asistir o no realizar ninguna función. También se encontraron empresas fantasmas que pretendían retener la beca de los jóvenes para desviar recursos, lo que regresa la atención a la falta de evaluación a corto plazo. Además, hubo empresas que aprovecharon el programa para inscribir a sus empleados y ahorrarse ese costo. Estos hechos fueron señalados por el director del IMSS, Zoé Robledo.

Otra falla del programa es que, ante la falta de empleos calificados, muchos jóvenes han caído en negocios o empresas que no garantizan una capacitación adecuada, Por ejemplo, como lo reportó Animal Político, las capacitaciones no ofrecen conocimientos nuevos que mejoren las credenciales laborales de los becarios, lo que a largo plazo podría significar que estos jóvenes no queden integrados en el mercado laboral, debido a que los conocimientos adquiridos no serán suficientes para alcanzar un empleo mejor remunerado.

El objetivo a corto plazo de la política era cubrir el número de jóvenes inscritos, que parecen haber cumplido a cabalidad. Queda pendiente ahora cumplir el objetivo a largo plazo: su incorporación al mercado laboral y la obtención de mejores credenciales educativas.

 

Melany Vidaurri
Estudiante de ciencias políticas y administración pública en FES Acatlán UNAM. Feminista. Twitter: @LaDestruccion_.

Fuentes consultadas:
Abdala, Ernesto. (2001). “Experiencias de capacitación laboral de jóvenes en América Latina”, Ultima década, 9(14), 113-135. Consultado el 16 de agosto.
STPS. (2019). Comunicado: Jóvenes Construyendo el Futuro; Comunicado 6/19. Consultado el 16 de agosto.