Hoy en día, un ciudadano común que quiera combatir la corrupción se encontrará con un sinnúmero de barreras, no sólo políticas y fácticas, sino también jurídicas.
Tema pendiente: corrupción, federalismo y faltas no graves
La Ley General de Responsabilidades Administrativas contiene una lista de faltas administrativas en las que puede incurrir un servidor público o un particular por acción u omisión; estas faltas pueden ser graves y no graves. Es precisamente aquí donde entra el problema.
¿Nombrar a funcionarios no idóneos es corrupción?
La ineptitud de un funcionario no es inofensiva; puede dar lugar a conductas negligentes, errores u omisiones involuntarias. Si bien dichas conductas no necesariamente están vinculadas con una contraprestación económica irregular o soborno —uno de los tres elementos que conforman la definición de corrupción—, sí pueden implicar el incumplimiento de una obligación por parte de la autoridad y el otorgamiento ilegítimo de un beneficio para un tercero —los dos elementos restantes—.
Vigilar y sancionar: la ineficacia de los Órganos Internos de Control
Una de las premisas fundamentales de la narrativa gubernamental ha sido el destierro de la corrupción de la vida pública de México. Según el titular del Ejecutivo, no habrá tolerancia a la corrupción por parte de nadie. La pregunta que ha acompañado estas declaraciones parece seguir vigente: ¿cómo, efectivamente, pueden cambiarse rutinas, prácticas y valores institucionales que promueven la corrupción?
Ministros de Troya: la Suprema Corte y la lucha anticorrupción
Los nuevos Ministros propuestos por Morena son un caballo de Troya. Su estrategia es clara: infiltrarse en la Corte bajo la retórica del combate a la corrupción. El disfraz es perfecto. Nadie se atreve a oponerse al gobierno de la honestidad, al gobierno del cambio, al gobierno de la retórica.