En días pasados se celebró el Foro Económico Mundial de Davos. El presidente Andrés Manuel López Obrador pidió a los integrantes de su gabinete que no asistieran al foro para centrar los esfuerzos del gobierno en atender la explosión de un oleoducto en Hidalgo el pasado 17 de enero. La comitiva mexicana estuvo encabezada por la subsecretaria de Comercio Exterior de la Secretaría de Economía, Luz María de la Mora. En este contexto, es pertinente preguntar ¿cuál es la relevancia de que los funcionarios mexicanos participen en foros internacionales?

No fue sino hasta la crisis financiera internacional de 2008 que las palabras “cooperación financiera internacional” volvieron a recobrar el sentido que tuvieron en Bretton Woods —más de 50 años antes—, cuando nació el multilateralismo financiero. El alcance sistémico de las desastrosas operaciones financieras sin respaldo, originadas en Estados Unidos, dejó ver con claridad hasta qué punto los sistemas bancarios y bursátiles habían rebasado la soberanía de los Estados. Afortunadamente, las autoridades nacionales, apoyadas por las mismas tecnologías y los medios de comunicación que sirvieron para el contagio, supieron hacerle frente al reto y nivelar nuevamente el tablero de juego con unos estándares regulatorios más estrictos en menos de cinco años.

Ilustración: Fabricio Vanden Broeck

La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), el Banco de México (BM) y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) estuvieron presentes tanto en las primeras reuniones del G20 en 2008 y en el establecimiento del Consejo de Estabilidad Financiera (FSB) en 2009, como en los Organismos Emisores de Estándares, el Comité de Basilea para la Supervisión Bancaria (BCBS) y la Organización Internacional de Comisiones de Valores (IOSCO). Sin duda en aquellos primeros años el haber escatimado recursos y subestimado la importancia de ser parte de los foros de discusión internacional habría sido suicida. México es uno de los mercados clave de los bancos sistémicos, una falla en las operaciones locales podría haber complicado aún más las cosas a nivel global.

Ahora, a 10 años de la crisis, ¿será que todavía no es tiempo de preguntar quién, cómo y por qué se participa en los foros internacionales? Ante la inminente política de austeridad del gobierno entrante, más vale generar un buen debate sobre las razones para mantener la participación y, sobre todo, para plantear mecanismos de rendición de cuentas en cada viaje. Cancelar toda presencia internacional sería como tirar el agua sucia con el niño adentro.

Como parte de la estrategia institucional 2014-2018, la CNBV estableció incorporar mejores prácticas internacionales en la regulación. Para estar a la vanguardia de la nueva regulación es necesaria la información de la participación de los funcionarios en el exterior; sin embargo, la información no está disponible para la ciudadanía.  No se conoce qué fue lo que México aportó al debate, ni hasta qué punto se han incorporado mejores prácticas.

Como ejemplo del análisis que se requiere para evaluar lo anterior, se hizo el ejercicio de solicitar información a la CNBV con el texto siguiente por medio de la Plataforma Nacional de Transparencia:

[…] agradezco se me informe sobre el total de viajes del expresidente de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores fuera de México a partir de 2012 y hasta diciembre de 2017. Solicito el dato sobre su destino (país) y motivo del viaje (en caso de ser por reuniones de organismos internacionales, se me indique el organismo). También solicito el reporte institucional de cada uno de los mencionados viajes realizados.1

Como respuesta se obtuvo que el expresidente de la CNBV, Jaime González Aguadé realizó 51 viajes entre 2013 y 2017.2 Un promedio de 10 viajes al año, teniendo como destino 17 países. El primer lugar es Estados Unidos con 16 viajes;  en segundo, España (6 viajes) y, en tercer lugar, Suiza (5).

Dejando de lado los costos de viáticos —que por supuesto también requieren del seguimiento público—, en este ejercicio se dio prioridad al análisis de los destinos y la agenda con el fin de tratar de construir una propuesta de política internacional.

De acuerdo con el Informe Anual de 2017 publicado por la CNBV, la institución participó en 76 grupos de trabajo. En 53 participaron funcionarios de la institución, mientras que Jaime González asistió a 8 de ellos. Sobresalen los eventos del IOSCO, el Comité de Basilea y el Comité Permanente de Cooperación en Supervisión y Regulación (SRC) del FSB.3 La participación del expresidente de la CNBV está bien justificada, pues se trata de los órganos principales de toma de decisión. Al mismo tiempo, tienen sentido los destinos de mayor frecuencia: Suiza es sede del BCBS, España de IOSCO, y la mayoría de las reuniones del SRC del FSB tuvieron lugar en Estados Unidos.

En cuanto al resto de las reuniones, algunas tienen una indudable relevancia como el Foro Económico Mundial o las de organismos regionales como la Alianza del Pacífico, pero en otras resulta complicado determinar si fue relevante o no la participación del titular de la CNBV, dado que la información que contiene la sección “reporte de comisión” es escasa. Sirvan de ejemplo los casos de eventos organizados por instituciones privadas, ¿por qué no hacer pública de manera sistemática esta información? No difundir la información de los viajes tiene varios inconvenientes. Al no estar disponible la información, no es posible analizar el costo de estos viajes, ni evaluar la designación de las personas que viajan al exterior y los motivos por los que lo hacen. Lo anterior puede generar sospechas sobre los criterios para tomar estas decisiones y erosionar tanto la legitimidad de las autoridades como la necesidad de participar en estos eventos internacionales.

Contar con una política de transparencia en la CNBV abre la posibilidad de involucrar a la sociedad civil y a la academia en la participación de los funcionarios públicos en los eventos financieros internacionales. Así, sería posible generar una discusión en torno a los criterios para asistir a determinadas reuniones o foros para evitar vicios como el “turismo regulatorio” o la promoción personal de funcionarios, y persuadir a la sociedad de la relevancia de asistir a ciertos eventos que redundarán en beneficios para México.

El único obstáculo entre esta propuesta y la realidad es la voluntad política. Los costos para la CNBV de implementar estas medidas son mínimos y ya existen herramientas disponibles como las contempladas por el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI) llamada “Comisiones Abiertas”, que consisten en un portal de revelación de gastos y resultados de comisiones de trabajo de los servidores públicos.

A diez años del inicio de la última crisis global, la política internacional en materia regulatoria sigue siendo relevante para México por tres motivos:

• La regulación en cualquier ámbito evoluciona con las circunstancias y hoy se presentan nuevos retos como la industria de servicios financieros basados en tecnologías de la información (Fintech).

• Las reformas posteriores a la crisis aún se encuentran en etapa de implementación.

• Tan importante es la adopción de buenas prácticas de otras jurisdicciones, como la cooperación de México hacia el exterior en la difusión de las prácticas propias, con el  fin de evitar nuevos escenarios de crisis en el futuro.

Si la nueva administración de la CNBV coincide con las consideraciones anteriores, abonar a la legitimidad de su participación en los foros internacionales por medio de la transparencia es un buen comienzo.

 

Rodrigo Delgado
Maestro en Estudios Latinoamericanos (UNAM) y subdirector de asuntos internacionales en la CNBV.


1 No. de folio 0610000011518.

2 No hubo viajes registrados en 2012. En la respuesta recibida se contabilizan 48, pero en tres de ellos se tuvo más de un destino.

3 La CNBV no tiene un asiento permanente en la reunión plenaria del FSB como si lo tienen la SHCP y el BM, por lo que la participación en dicho grupo es a solicitud de la SHCP, bajo las reglas del FSB.