El programa Jóvenes Construyendo el Futuro es una de las apuestas más grandes de esta administración tanto por el tamaño de la población que pretende atender —espera llegar a 2.3 millones de personas— como porque nunca se había implementado una intervención exclusiva para los jóvenes que no estudian y no trabajan. También lo es por la cantidad de recursos que tiene destinados: para 2019 se le asignaron 40 mil millones de pesos, equivalentes a 1.6 veces el presupuesto del Conacyt. Precisamente por ello, el diseño, la operación y los resultados, así como la transparencia y rendición de cuentas de todo el programa, son asignaturas en las que no es posible fallar.

Ilustración: Ricardo Figueroa

En Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad hemos realizado un seguimiento de la información que la Secretaría de Trabajo y Previsión Social (STPS) —la responsable del programa— ha publicado en su portal para hacer una primera evaluación. Vale la pena adelantar que el padrón de becarios no es público y sólo se ofrece el número de jóvenes “vinculados” al Programa por género, edad y escolaridad. Sobre los Centros de Trabajo (CT), el padrón sólo muestra nombres genéricos de empresas, como “Abarrotes María”; categorías inverificables, como “Diputado Federal”; o nombres propios imposibles de rastrear, como “Guadalupe”. A pesar de estas dificultades, realizamos un ejercicio de análisis de la evolución de la información presentada a nivel nacional, así como una auditoría en campo del 82% del padrón de la Ciudad de México (CDMX).

Estos son nuestros primeros hallazgos:

 

 

 

Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad